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Interstellar y la verosimilitud del cine

Leyendo comentarios sobre Interstellar y anticipándome a esos snobs que (luego de repetir a alguien que repitió a Phill Plait en los términos de su crítica, por ejemplo) adoptan la pose de pensamiento científico al evaluar negativamente una película me puse a pensar algunas cosas.

I

Respecto al arte

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1. Para mí, el cine es más para soñar, para imaginar, para especular y no tanto para «conocer» la realidad. Se exceptúa acá el género documental.

2. Por lo tanto, en el cine ─ tanto en la producción de la obra, como en la contemplación de la misma, o incluso en la crítica artística ─ es el estímulo sensorial e intelectual lo que debe preponderar, y no la fidelidad de la representación de la realidad. Lo último es fundamental para que la obra funcione, pero está subordinado a lo primero. La mímesis de la realidad debe ser funcional a la expresión artística, al menos si queremos un cine libre, vital y prolífico.

3. Es válido sostener que la mímesis es importante para que la obra funcione, el cine es esencialmente imitación de la realidad. Pero no es motivo suficiente para adoptar como dogma indisputable la representación exacta de la realidad. Mucho menos cuando implica sacrificar otros aspectos para satisfacer autoritariamente esa regla. Después de todo, ¿qué es lo que se pretende al hacer arte?

4. Al referirse al desempeño de los aspectos de la obra se habla en términos de «verosimilitud» y no «mímesis», se valora lo verosímil por ser un aspecto que hace a la comunicación. O sea, que la mala representación de la realidad no sea evidente y por lo tanto no genere ruído en la recepción del código, y no mucho más que eso.

5. La adecuación a la realidad (o las realidades) no puede ser el valor supremo para evaluar, lo verosímil es uno de los tantos elementos que hacen a una obra. En todo caso, si buscamos un valor supremo, ¿no sería este la expresión?

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Uno ve Interstellar (o 2001: A Space Oddyssey) para inspirarse, imaginar escenarios inusuales, sentir cosas diferentes, proyectarse en el tiempo, estimular los propios intereses, y luego lee a Degrasse Tyson, Stephen Hawking, Phill Plait, Michio Kaku o su “científico de confianza” si se quiere conocer la realidad y verificar ─ si quiere ─ cuánto una película se adecua a ella. La ciencia para conocer, el arte para disfrutar. Por eso, al referirme al cine, prefiero siempre hablar de comunicación de lo subjetivo y forma, en vez de imitación de realidad y contenido.

Sintetizando: cuidado ─ al evaluar una obra ─ de no caer en la trampa de dar al criterio de verosimilitud más lugar del que le corresponde. No quedan muchos lugares donde uno puede tener la libertad de ─ justamente ─ alejarse por un momento de la realidad.

II

Respecto a la tarea de representación de la realidad

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Desde una lectura crítica, los productos culturales tienen efectos sociales y políticos concretos. Los Cultural Studies demuestran que una representación sesgada del mundo genera de manera congruente concepciones distanciadas de la realidad. Esto puede ser peligroso: se replican modelos ideológicos perversos, se refuerzan estereotipos negativos, prejuicios, etc.

Al respecto, creo que las críticas preocupadas por las consecuencias sociales y políticas de la obra y que la analizan como vehículo cultural, deben ser cuidadosamente orientadas. Sobre todo las de de las élites. Pues no es el cine, ni el arte, los únicos ni los que más deben ser extremadamente cuidadosos en sus discursos, sino es el espectador, también, y principalmente, el que debe aprender a ser crítico. En ese sentido, reclamemos menos a estos productores culturales y exijamos e instruyamos más al espectador.

En este mundo, de por sí tan jodido, no vamos a estar sacrificando lo más lindo que tenemos, el arte, por cuestiones políticas. Además, si la razón oprime, y el disfrute del arte es el único aspecto humano que hoy escapa del “argel” peso autoritario de la razón, no vamos a entregar este último espacio de libertad más o menos pura, para procurar otras libertades más restringidas.

Ah, Interstellar, qué película más brillante…

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Ejemplo de honestidad

Todos los días leemos noticias que nos debilitan legítimamente la confianza que tenemos hacia la gente: corrupción, robos, estafas, asesinatos, chantajes, sobornos, la lista es interminable y todas esas cosas terminan debilitando nuestras propias ganas de vivir. Llega un momento, inclusive, en el que podríamos plantearnos: ¿vale la pena seguir manteniendo la honradez?, ¿vale la pena seguir luchando por la justicia en un mundo poblado por tantos malintencionados?

Yo creo que sí vale la pena, siempre creí y siempre tuve mis argumentos, pero lo que me ocurrió anoche fue una experiencia directa y concreta que nutrió mis esperanzas y que quiero compartir brevemente con ustedes.

Lunes, día largo, 21:20 h, termina mi última clase en la UCA. Toco mis bolsillos, no está la llave de mi auto, vacío mi bolso, nada. Busco en la clase, nada. Voy a la biblioteca ─donde estuve horas antes─ está cerrada. Sólo el encargado tiene la llave y los guardias no tienen acceso, no pueden ayudarme.

Pienso que no pude haber dejado dentro del auto porque siempre bloqueo desde afuera. Voy al auto, igual, ya desesperado, calculando cómo llegar hasta casa y si llamar al cerrajero o al técnico del alarma, o a ambos, si voy a conseguir eso hoy o recién mañana, si avisar al guardia de la zona, en fin… al acercarme al auto me sorprende un papel incrustado en la puerta.

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Abro, y leo:

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Llamo al número de teléfono. Me atiende una mujer muy amable, me explica que encontró la llave cerca de la rueda, que me esperó porque no quiso dejarle la llave a nadie y como se tuvo que ir, su hija arrancó una hoja de su cuaderno y me dejó esa nota. Le agradezco efusivamente. Me dice que ya viene y pregunta si puedo esperar. ¡Por supuesto que sí! –le respondo.

Luego de 15 minutos llega hasta donde estoy, y tardó en llegar porque lo hizo a pie, en compañía de su esposo.

Comprueba que soy el dueño, a través de mi cédula y la cédula verde del auto y me entrega la llave. Sentí la necesidad de darle un abrazo y lo hice sin complejo alguno. Le conté que todavía estoy pagando las cuotas del auto y lo importante que fue lo que hizo: por el costoso objeto material que resguardó y por el aliciente moral que significa para mí encontrar gente como ella: honrada, de buena voluntad y que obra de manera desinteresada.

Le acerqué a ambos hasta su barrio y pedí que acepten un regalo que les voy a llevar como recompensa, y le pedí una foto, para que quienes estén leyendo esta historia la conozcan: se llama Graciela Aquino y para mí, ella es un ejemplo de honestidad.

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¡Salud a todos, gratitud eterna a Graciela, y que viva la humanidad honrada!

¡Bienvenidos!

En este sitio pretendo coleccionar notas sobre cosas que me interesan.

Mayormente serán cosas relacionadas al cine, literatura y ciencias sociales.

Si publico algo, lo hago simplemente para compartir con gente que tiene los mismos intereses.

Sean bienvenidos de recorrer y comentar.

Escribo para equivocarme y aprender.

Giuliano Sardi