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Categoría: Cine

Reflexiones sobre el cine paraguayo

Jacobo Rauskin, 16 de Octubre de 2014, Centro Cultural Citibank:

(Transcripción)

La idea central de esta breve exposición está vinculada con dos aspectos del cine y la sociedad. En primer lugar el hecho de que el lenguaje cinematográfico participa junto al lenguaje humano de dos funciones esenciales de cualquier lenguaje. La primera: el ser el instrumento que elije la memoria colectiva y también la historia de una nación o comunidad para poder decir: “tenemos no solo libros de historia sino también tenemos estos libros de imágenes”. La segunda función es: el carácter instrumental, cualquiera que decide expresar un pensamiento o una ilusión, no tiene más camino que usar el idioma. Usándolo bien o mal es un instrumento.

El cine, el lenguaje cinematográfico, es utilizado como instrumento de expresión de pensamiento filosófico o ilusiones y, en algunos casos muy frecuentes, de expansión de las ideas políticas. De este modo que no podemos hablar de un divorcio de los dos lenguajes. Incluso en alguna película muda hay un texto.

El cine paraguayo es una de las expresiones más recientes del arte en paraguay y una de las más pujantes. Tenemos dos películas, no muy distantes en términos de producción: una de ellas es 7 cajas, la otra es Hamaca Paraguaya. Quiero ocuparme de estas dos películas en su relación con la sociedad paraguaya de nuestros días, no con la “sociedad paraguaya tradicional” que solo un gesto de notable generosidad puede suponer que todavía sobrevive porque es una sociedad absolutamente superada, difunta, inexistente; hablar solamente de la sociedad tradicional paraguaya es no tener idea de lo que somos y yo se lo discuto al que tiene 20 o 30 o 50 años. La otra sociedad, la que ya murió no tenía nada que ver con esta y yo soy tajante y drástico. Y por suerte encuentro a hermanos míos en el mundo del cine que piensan muy parecido.

Entonces en estos jóvenes que hicieron estas películas, una presenta una visión que se centra en lo que ya habíamos visto, en las dos funciones que cumple el cine como lenguaje: la preservación de la memoria y la construcción de imágenes a partir de la preservación de la memoria, es Hamaca Paraguaya.

Hamaca Paraguaya es una película sobre la sociedad tradicional ubicada en la guerra del Chaco, que es la época que elige para el transcurso de la historia. La sociedad tradicional sobrevivió a la Guerra del Chaco, sobrevivió a muchas cosas después, pero ya no sobrevivió a Itaipu. Con Itaipú comenzó a morir esa sociedad y hoy prácticamente ha dejado de ser. ¿Qué ha dejado de ser? Dando unos cuantos golpes rápidos, así brochazos, ¿qué es lo que fue esa sociedad que desapareció? Desapareció la sociedad religiosa llamada Paraguay. La sociedad religiosa. Sobrevive la fe, pero la fe sobrevive individualmente en cada uno de los creyentes, es una relación vertical entre el creyente y el creador, y la sociedad es una relación entre los creyentes. Esta es una sociedad que fue fundada hace 400 años, técnicamente por los conquistadores españoles desde un punto de vista nacional. Aquellos que crearon al Paraguay, fueron los franciscanos, la sociedad rural paraguaya, que fue rural hasta hace muy poco tiempo, fue una sociedad hecha por los franciscanos, y yo excluyo a los jesuitas. Cuando decimos que sobrevive a todo esto: sobrevive a la Conquista, a la Colonia, a la época independiente y a la Guerra del 70, etc… y luego sobrevive hasta el momento en que comienza a construirse Itaipú acá, decimos que esa sociedad cambió, no hay más. La sociedad que pinta Hamaca Paraguaya no tiene nada que ver con la sociedad que vivimos hoy. Pero la mirada de quienes hicieron Hamaca Paraguaya es la mirada de esta sociedad. Entonces, esta sociedad se encarga de interpretar. La función del lenguaje cinematográfico es preservar la memoria colectiva paraguaya y sobre todo de las generaciones.

¿Qué sucede con 7 Cajas? Obra muy reciente, todavía más reciente que la otra. Es una mirada de la sociedad paraguaya, porque Maneglia como Schémbori son paraguayos de nuestros tiempos, y ven al paraguay con la mirada de la sociedad paraguaya de hoy. No miran al pasado, si nosotros vemos 7 cajas como una clara observación participante, vemos que la película oscila entre una mirada realista al mercado 4 y una rápida huída hacia la distopía, es decir, hacia un mundo que es todo lo contrario a una utopía, nadie quiere vivir en una distopía, así como todos quieren vivir en la utopía. Entonces, la distopía es el caos, es narcópolis, la gran meca del narco y de la cacería y la persecución de las películas de clase B de Estados Unidos llevadas al paroxismo. Entonces nos pintan un Paraguay que no existe en el mercado 4. Comienza siendo realista y termina siendo distópica. ¿Por qué, entonces ─me pregunté yo─ no pudieron hacer una película realista? Y esta es una respuesta cultural y no cinematográfica. Estos dos realizadores bien pudieron hacer una película realista que incluso hubiera resultado más fácil. Y yo creo que no pudieron hacerlo porque se resistían en nombre de la sociedad que hoy somos a decir que esto es la realidad. Es decir no queríamos aceptar esa realidad suponiendo que esa fuera la realidad, entonces transformamos la realidad en un infierno que ya no es la realidad, porque no se hizo la saga de la usura, ni un Romeo y Julieta sobre avenida Petirosi: es un país inexistente con una cacería humana inexistente. No querían aceptar que esa fuera la realidad… (audio inentendible)

Entonces Maneglia y Shémbori tienen como una posibilidad nueva del cine paraguayo alejarse de la mirada a la sociedad anterior, centrarse en la mirada de la sociedad actual y descubrir que la sociedad actual no tiene una expresión convincente en términos de realidad y antes que estudiar un mundo imaginario vacío, crean una distopía en sentido de la Naranja Mecánica, la Naranja Mecánica es una película hermana de 7 Cajas. En realidad la palabra distopía no se puede reproducir como la palabra utopía. No se puede producir una utopía cada año. Así como se puede producir una utopía cada año. Todas las películas western tienen una utopía y se produce una por semana.

Ahora esto nos mueve a lo siguiente: La sociedad paraguaya en la que vivimos hoy, ¿en qué se ha diferenciado drásticamente de la sociedad anterior y por qué esta diferencia llama la atención del resto de los países de América Latina donde no hubo una crisis? Si nosotros vemos por ejemplo cine Argentino, el cine Argentino trabaja sobre la base de la memoria como si estuviese en su casa, el mexicano también, una película brillante de este festival que fue Herodes, presenta una indagación de la memoria política que es impresionante. Y puedo citar películas brasileñas en este sentido y también otras de América Latina… ¿Por qué (todo esto)?

En primer lugar son sociedades que han rechazado y siguen rechazando fuertemente la desaparición de su modelo tradicional de identidad, aunque vean que está amenazado. En Paraguay no sólo se rechaza sino que se aceptó alegremente el fin de los Karai Guasú, el fin de las burreras, el fin de todo lo que significaba hace años el Paraguay. Y lo único que bloquea son 4 o 5 bailarines de folclore, y 2 o 3 guitarristas que tocan canciones hermosísimas… Entonces ¿qué ocurre? Damos un ejemplo que es prácticamente un contra-ejemplo de Sudamérica. Por eso llamó la atención 7 cajas, y por eso llamó tanto la atención y a aplauso Hamaca Paraguaya que está en una línea latinoamericana, el que no conoce Paraguay puede creer que el Paraguay sigue siendo así, pero nosotros sabemos que no es así. La ventaja del arte es que nosotros presentamos un pasado como si fuera el presente, traemos un futuro al presente como si fuera el pasado, el tiempo desaparece en una pantalla como desaparece en una novela. El tiempo lo hace el creador cinematográfico.

¿Qué caminos vamos a seguir? No podemos seguir caminos que no sigue la sociedad. Si la sociedad no revisa el paradigma que sigue hoy, que es un paradigma destructivo de su historia, nosotros vamos a tener un cine que se va a estancar con gran facilidad en temas conocidos. Vamos a producir películas de carácter policial, 30 películas por año, o 100 películas pseudos-cómicas ─porque tampoco van a ser cómicas─ y cosas así porque no vamos a tener una mirada crítica y eso yo me temo que pueda llegar a ocurrir si es que no se produce esta revisión de la cultura paraguaya a partir de la sociedad paraguaya de hoy. Este es un país donde tenémos cincuenta mil filósofos de la cultura y sociólogos de la cultura y todos están de acuerdo que el momento que hoy vivimos no es el momento que vivimos hace 50 o 80 años atrás. Pero el problema no está en los pensadores de la cultura, el problema está en la gente común y corriente que vive y que son parte de esta sociedad. No hay un cine fuera de una sociedad expresa, una sociedad que sea su horizonte de proyección inmediata como son sus espectadores y que son fuente de sus materiales propios. El cine mira a la gente que lo rodea, es más, busca actores para meterlos en las películas que son fiel a la historia del país. Entonces todo esto presenta un desafío para los pensadores, pero para la sociedad de una manera general. Nosotros queremos admitir que somos diferentes de lo que fuimos.

Si usted toma hoy un muchacho mexicano de 20 años y un viejo mexicano de mi edad, de 70 años, usted no encuentra una gran diferencia en términos de pertenencia e identidad. Yo he viajado a México en motivos de 20 veces y siempre me he encontrado que el creador de Hollywood y el capo de literatura son prácticamente hermanos de una misma identidad, participan del mismo ethos general. Acá no. Acá tenemos una comunidad de escritores jóvenes totalmente divorciada, que no quiere saber nada de la tradición, que considera que la tradición es horrorosa como si fuera que nosotros fuéramos Gracilazo o Shakespeare, nosotros, poestas de barrios somos. Entonces, ¿qué ocurre? Ni eso queremos ser. ¿Por qué?

Llegamos a la conclusión de que el rompimiento es total. Nosotros formamos parte de una generación donde era una vergüenza no ir al ejército, y los tipos que tenían lentes, se sacaban para poder ir. No se iban y entonces ninguna chica le miraba. Esa sociedad murió. Murió definitivamente acá. ¿Y qué sustituyó a eso? Me temo que nosotros hemos comprado el espejito a los españoles durante la conquista, luego compramos el espejito a los franceses durante la independencia, luego compramos los espejitos de los ingleses durante el ferrocarril y ahora estamos comprando el espejito del neoliberalismo.

Es decir, es una crisis muy difícil y en un país que se alejó momentáneamente de la corriente latinoamericana. Es curioso, el gobierno paraguayo está más cerca de los gobiernos de América Latina que el pueblo paraguayo de sus (audio inentendible) hoy, hoy… ¿Por qué? Porque la cultura que nosotros tenemos es una cultura negadora del pasado. Acá no se continúa ni con la música paraguaya, ni con la literatura paraguaya y mucho que menos estas indagaciones que estamos haciendo en el ámbito cinematográfico tropiecen después con un facilismo muy grande y desaparezca, puede ocurrir, es un riesgo, yo dejo estos argumentos más bien para un debate que para (audio intentendible), muchas gracias.

Cutie and the Boxer (2013); un delicioso plato agridulce

Debería empezar diciendo que acabo de terminar de verlo y no entiendo si estoy conmovido por alegría o tristeza… en ese sentido este documental podría ser un auténtico y delicioso plato japonés agridulce.

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Cutie and the Boxer es la historia de una pareja de artistas japoneses que viven en New York: Ushio Shinohara (80 años) y su mujer, Noriko (59). El documental se basa en su relación personal. El director del documental y la cámara desaparecen absolutamente y son los protagonistas los que a través de sus experiencias cotidianas nos brindan una perspectiva de sus vidas. No es una historia romántica, en el sentido clásico y no hay espacio para lo cursi, esto es es la belleza (o no) de la vida misma, es la vida cruda: “El arte es un demonio que puede arruinar tu vida” confiesa Ushio en una de las escenas.

Pero más que la historia en sí, es la manera de contar la historia lo que más me gustó del documental. Es la dirección la que logra rescatar de una historia cotidiana ─aunque de personajes ricos y de una relación compleja─ perspectivas y emociones sobre temas como el proceso de creación del arte, la vida del artista entregado, el amor, la relación de un matrimonio longevo, el desarrollo ─o ahogo─ de la propia individualidad, los sueños incumplidos, los alter egos, el sabor nostálgico de la vejez y un largo etcétera que depende de lo que la subjetividad de uno esté dispuesta a volcar sobre la permisiva obra.

Ganadora de mejor dirección en el Sundance Film Festival 2013 y nominada a mejor película documental en los Oscar 2014 este es un convincente, íntimo, honesto y emotivo documental; brillantemente realizado por Zachary Heinzerling (obra debut); y protagonizado por una pareja de artistas muy especial. Para la colección.

The Spectacular Now [brief movie review]

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Esta historia es del tipo Coming-Of-Age, esta temática centrada en el crecimiento psicológico de los personajes tiene para mí siempre un atractivo enorme. Cada vez que recordamos nuestra adolescencia la recordamos de una manera diferente: vemos en las mismas situaciones cosas que antes no veíamos.

Era la etapa donde empezábamos a explorar el mundo con mayor libertad y toma de conciencia. Fue el tiempo de las primeras amistades íntimas, del primer amor, de explorar la sexualidad, de los primeros problemas con el mundo y de nuestra manera de lidiar con cada una de estas cosas. Este “género” tiene un potencial infinito porque ésta es una etapa de definiciones: morales, sexuales, filosóficas y por lo tanto existen un montón de temas a ser explorados y ─ según nuestras experiencias ─ revividos con intensidad.

En el cine, The Spectacular Now se sumaría a una extensa lista que podría incluir a historias con las mismas temáticas pero de sabores completamente diferentes como: Stand By Me (1986) ─ una adaptación de la novela The Body, de Stephen King ─ ; Dead Poets Society (1989); Dazed and Confused (1993) ─ ya un clásico del cine estadounidense dirigida por el brillante Richard Linklater ─; Good Will Hunting (1997); The Virgin Suicides (1999) ─ ópera prima y a la vez (en mi opinión) opus magnum de Sofía Coppola ─; Almost Famous (2000); This is England (2000); Y Tu Mamá También (2001); Thirteen (2003); Garden State (2004); Misterious Skin (2004); An Education (2009);  Super 8 (2011); Nordzee, Texas (2011); Haeven (In a Better World) (2011); The Perks Of Being a Wallflower (2012); Blue Is The Warmest Color (2013) ─ colosal ganadora de la Palme d’Or en Cannes 2013─; Ender’s Game (2014); Jongens (2014); y muchas otras películas brillantes.

Esta película es una adaptación un libro homónimo de Tim Tharp, el guion está escrito por Scott Neustadter y Michael Weber, quienes también escribieron juntos 500 Days of Summer (2009), y está dirigida por el joven James Ponsoldt (36) quien es el que logra entregarnos una historia encantadora contada de una manera muy delicada.

No quise dar acá una sinopsis (si quieren una, les paso la ficha en IMDB, o inclusive el trailer) ni tampoco quise realizar una calificación crítica sobre el desempeño de sus aspectos. Lo que quise es simplemente contar que ésta es una de esas películas que exploran de manera sensible las emociones humanas cotidianas ─ en una etapa álgida para todos ─  y que al hacerlo de una manera tan franca y natural se convierte en un espejo, y conmueve.

“The Act of Killing”: Un documento antropológico revelador.

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En Indonesia, en los años 1965-1966, entre 500.000 y 1.000.000 de personas fueron asesinadas.

Estos asesinatos fueron una purga de carácter anti-comunista llevadas a cabo por el gobierno y las pandillas organizadas (los preman), como una violenta respuesta a un golpe de Estado fallido acusado a los comunistas. Esta fue una época de persecuciones, torturas, violaciones y asesinatos.

The Act of Killing, dirigido por Joshua Oppenheimer es una película documental que explora estos eventos, que son relatados y dramatizados no por las víctimas, ni sus familiares, sino por los propios asesinos, ex-integrantes de esas pandillas.

Al comienzo del documental, se muestra una cita de Voltaire: “Todos los asesinatos serán castigados, a no ser que se mate en grandes cantidades, y al sonar de las trompetas”. Una brillante cita que nos anticipa el comienzo de una tragedia oscura que será capturada en una película intelectual y emocionalmente desafiante.

Pero, ¿cómo es que se logró que estos cruentos torturadores narraran abiertamente sus atrocidades cometidas? ¿Cómo es que están libres, habiendo uno de ellos confesado haber matado personalmente cerca de 1000 seres humanos?

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Primero, estos asesinos no son considerados criminales, sino héroes, por una gran parte de la población. Segundo, el director del documental logra convencer a dos de estos integrantes de realizar una película a través de la cual puedan inmortalizar sus hazañas, otorgándoles total libertad creativa.

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De esa manera los protagonistas empiezan a revivir lo acontecido, a relatar los hechos con detalle, dramatizarlos y someterse inesperadamente a una especie de psicodrama y comienzan a cobrar conciencia de la magnitud de lo acontecido 40 años atrás.

El documental, además de incursionar en el pasado, vincula elementos de la cultura política actual indonesia. Se muestra a la Juventud Pancasila, una masiva e influyente organización paramilitar (de la cual, el propio vicepresidente actual de Indonesia forma parte) creada por los ex-líderes de aquellas pandillas asesinas.

The Act of Killing es un documental abordado de manera estratégica, que dispara interrogantes profundas y ofrece al espectador elementos para el análisis. Este es un filme que trata sobre: poder, violencia, ideología, cultura, humanidad, justicia, impunidad, negación, culpa y naturaleza humana.

En cuanto refiere a la Ciencia Política, ver el documental podría traernos a la memoria el concepto de “la banalidad del mal” (Banality of evil) introducido por la politóloga Hannah Arendt, en su libro “Eichmann en Jerusalén” donde aborda al citado jerarca nazi – uno de los mayores responsables del Holocausto – no como un fanático o sociópata, sino como una persona que aceptaba las premisas de su Estado y por lo tanto su visión era que sus acciones eran legales y normales.

Esta es sólo una de las discusiones que se vienen a la mente luego ser testigo de uno de los eventos que —junto con el Holocausto nazi, la Gran Purga soviética, los Baños de Sangre maoístas y las bombas atómicas norteamericanas — forman parte de los genocidios más horrorosos del siglo anterior.

The Act of Killing es una película aclamada por la crítica. Nominada como mejor película documental en los Oscar 2014, y ganadora en los BAFTA, Independent Spirit Awards y otras premiaciones de prestigio.

Joshua Oppenheimer declaró que la película es su regalo a Indonesia. Un país cuya historia oficial está plagada de omisiones y de un fuerte sesgo anticomunista. Un escenario político con una juventud acrítica respecto al pasado debido al propio sistema educativo. Esta es una película que sin lugar a dudas va a seguir planteando desafíos.

Esto es The Act Of Killing, la maestría del arte plasmando un documento antropológico revelador.

Libertad (2012)

A tan solo pocos días de su estreno, la película Libertad, de Gustavo Delgado ya causó cierto  revuelo. Se pueden observar varios comentarios pintorescos bajo el artículo de Emmanuel Báez (joven crítico de cine) quien hizo una dura crítica a la película.

Entre los comentarios vertidos por ciertos lectores se destacan algunos que inundados de indignación patriótica reprochaban a Emmanuel el haber calificado en términos negativos a una producción nacional. “Anti-paraguayo”, “negativo”, “pesimista”, “troll”, “snob”; fueron algunos de los calificativos lanzados contra él. Claramente para algunas personas la mejor manera de apoyar al incipiente cine paraguayo es taparse los ojos y ser complaciente; apuntar a la mediocridad, al ya da ya.

Pero felizmente hubo casi igual cantidad de gente que no se conformó con la mentira, que sabe que la crítica tiene un valor.

Creo que hasta ahí muchos podríamos estar de acuerdo: que algo sea nacional no significa que deba estar exento de críticas.

Si me permiten, yo quisiera ir un poco más. Yo quiero indagar. Quiero poner bajo la lupa a la clase artística. Quizá no a toda, pero sí a la que realiza este tipo de obras. La clase que pretende que aceptemos como moneda común que el tipo de arte al que hay que apuntar es: lo cómodo, lo moderado, lo que no molesta a nadie, lo que no rompe esquemas, lo que no arriesga, lo que no cuestiona nada al orden imperante de las cosas, lo que no se complica en ir un poco más allá.

Olvidémonos de las cualidades técnicas de la película y analicemos su carácter artístico.

Me viene a la mente una breve anécdota. Recuerdo cuando hace unos años asistí por primera vez a un concierto de un grupo de rock nacional que muchos conocerán: Dokma. Fue en el estacionamiento del Casino ‘By Worest’, se trataba del concierto: “O sea, no”, donde presentaban algunos temas de -el que iba a ser su próximo disco-: Eurofeo. Fue una excelente experiencia. Por primera vez escuchaba unas letras que contenían una crítica. Algo que iba más allá de riffs y melodías. La letra de Rodrigo “Jurú” Pampliega le dotaba al grupo de una propuesta artística verdadera. No un “mensaje”, no una “fábula”, sino una expresión de voluntad propia y auténtica. Podemos disentir, por supuesto, con la posible solución planteada por el artista; pero la crítica está hecha, la semilla de la duda está plantada. ¡Qué gran concierto fue! El rock paraguayo, el arte tenía además de una silueta, un fondo; un motor propio y una identidad.

Ojo, no intento confiscar el valor de las obras artísticas que carecen de ese tipo de contenido. Pero hay que tener en cuenta la obra que estamos analizando: un relato histórico que de manera inevitable tiene una gran carga ideológica. Lo que me desagrada y lo que para mí no tiene nada de valor no es el arte vacío de contenido, sino el arte que al presentarse como vacío es decididamente cómplice. Cómplice y acrítico frente a las contradicciones obvias en las que vivimos… ¡Qué poderosa arma tenía Gustavo Delgado en sus manos! Él mismo había declarado: “Yo no tengo excusas para hacer una película mala”. Y la hizo. ¡Y mala desde todo punto de vista! Qué enorme oportunidad tuvo de vengar a la historia, tantas veces ultrajada por la historiografía oficial; que enorme oportunidad de vengar al arte paraguayo (“que se populariza”), casi siempre en manos de clases artísticas acomodadas.

No acuso al director de no haber respetado la historia, lo acuso de haberla respetado. De respetar el relato oficial con sus destaques y sus silencios. Sin tener una visión propia. No un relato propio, ¡una visión propia, y de artista! Retumban en mi mente las palabras de un amigo que me decía que el arte en Paraguay jamás despegaría hasta que los artistas de acá no tengan un enemigo. Y es en casos (de fracasos) como éstos donde se observa como se materializa esa ausencia de inconformidad, de pasión, de la gran musa que puede ser el enojo.

Se hace muy difícil perdonar que el director no haya sabido aprovechar lo que tenía en manos, tomar las urgencias del presente para establecer un diálogo con el pasado, no haber explotado ni al mínimo las posibilidades que planteaba ese escenario, sobre todo cuando aceptó la responsabilidad de realizar una obra sobre un evento con tanto potencial como es la Independencia de la República.